Raúl Ramírez
Periodista

«No más bloqueos», gritaban, energúmenas, unas señoras y sus señores vestidos de blanco en el sur y oeste de Cali. Reclamaban paso para que sus empleadas domésticas pudieran llegar a sus trabajos mal pagos que le tenían en sus mansiones. En su prensa vociferaban que los tenían secuestrados, que no se podían mover en sus Toyotas blancas y que los indios, en minga con los jóvenes, le violaban sus derechos a tener sus nevecones repletas de mecato y whisky.

La indignación popular había cortado caminos y cadenas de abastecimiento. En mayo y junio, Cali vivió lo que nunca había visto: largas filas de autos suplicando gasolina, las despensas de los supermercados vacías, avivatos especulando con los precios de todo, y muchedumbres dispuestas a asaltar por comida.

La ciudad estaba desolada y el único ánimo que la alentaba era el de una juventud que en las barricadas hablaba de derechos incumplidos y de dignidad ciudadana.

Alrededor de esos puntos de bloqueo, las señoras y sus señores de blanco, junto a su Policía, fragüaron el ataque, aceitaron el arsenal y afinaron la puntería: llegó el plomo contra los bloqueos y el saldo de asesinados, heridos, desaparecidos y violadas ya se sabe.

Los dos meses de bloqueo dejaron una ciudad muy lastimada en lo económico y social. ¿Ahora se pueden imaginar cómo podrá estar un país que ha estado bloqueado por más de sesenta años? Y bloqueado no por unos jóvenes rebeldes a los que resultó muy fácil atacar a bala mientras ellos se defendían con escudos de lata. ¡No! Hablo de un bloqueo impuesto por una potencia imperial contra una pequeña isla que no se deja someter.

Cuba afronta, por culpa de ese bloqueo, escasez, desabastecimiento, pobreza, atraso, muertes. EEUU convirtió esa isla en blanco de sus políticas criminales sin que la pandemia del coronavirus lo llenaran de compasión. Cuba está viva gracias a la templanza de su pueblo, gente alegre y bondadosa que ante las penurias saca casta y dignidad: es el único país de Latinoamérica en crear su propia vacuna anticovid, es el único país de Latinoamérica que ha enviado contingentes de médicos a otros países del mundo para combatir la enfermedad, es el único país que prestó su territorio para que los colombianos negociaran el fin de una larga guerra, es el único país que gratuitamente forma médicos colombianos (pregúntenle a Jorge Iván Ospina qué sería de él sin Cuba).

En Cuba hay muchas necesidades insatisfechas, hay inconformes, hay problemas. No es la sociedad perfecta, y muchas de esas imperfecciones se explican por el bloqueo, ese mismo que durante décadas han aplaudido los camisas blancas que en el sur y oeste de Cali lloriqueaban amenazando con sacar sus 25 mil armas contra inermes ciudadanos.

Solo espero que ese bloqueo gringo que ahoga a los cubanos sea levantado ya; la ONU lo viene exigiendo hace muchos años, pese a la vergüenza y desagradecimiento del gobierno colombiano que lo ha apoyado.

Por lo demás, el Estado y el pueblo cubano sabrán superar pacíficamente la inconformidad de los sectores que han salido a las calles. Allá no correrán ríos de sangre como aquí. De eso estoy seguro. Allá la dictadura que impera es la del amor, la música y la dignidad.

Santiago de Cali, julio 14 del 2021.

Raúl Ramírez
Periodista